EDUCACION SEXUAL

 

Los problemas de salud, educación, económicos y demás, han existido y crecido con la historia de la humanidad. En la década de los ochenta, la humanidad es sorprendida por otro problema, que se suma a los ya existentes, el VIH. Y con el, la necesidad de conocer sobre la sexualidad humana.

 

La educación sexual, es un desafío de todos los sectores de la sociedad, de una u otra forma somos responsables de lo que pase. No hacerlo significa condenar a gran parte de nuestra población a infecciones de transmisión sexual. Lo que nos lleva a aumentar considerablemente la morbilidad por estas causas y de hecho a perder muchos días de trabajo en detrimento de la economía familiar y la calidad de vida de las personas.

 

Una respuesta a este desafío, debe ser la de proponer una educación humanizadora y humanizante, centrada en la persona, la cual debe facilitar a los y las  jóvenes a aprender mediante su propia experiencia y no con propuestas sesgadas y con agendas escondidas, donde no les importa la vida de las personas.

 

Todos los sectores de la sociedad como responsables de lo que hacemos o dejamos de hacer, debemos comprometernos a aprender a aprender y enseñar a enseñar, desde el método Andragogico, que mejor se adapte y acomode a las capacidades de los diferentes sectores. Tomando en cuenta que todo aprendizaje implica dificultades a superar, más aun, cuando es un tema que tiene implícito la privacidad de la persona.

 

Los y las jóvenes, los padres y madres, maestros y maestras tenemos la responsabilidad de informar, sensibilizar y educar a nuestros jóvenes a que aprendan a cuidar de su salud y su vida, a ser proactivos y compartir con otros y otras jóvenes valores que dignifiquen la persona, potenciar valores familiares, donde hayan familias solidarias, fraternas, familias que desde su pobreza, compartan su riqueza en valores.

 

Para lograr este objetivo, debemos tener claro cual es el perfil del jóven que necesita Honduras para desarrollarse como nación, los valores que se deben potenciar para alcanzarlo y que el modelo hegemónico imperante se humanice, que haya equidad en las manifestaciones cotidianas de pareja, con las hijas e hijos.

 

Tomando en cuenta, que la juventud es la edad inaugural por excelencia, puesto que gozando de una cierta autonomía y habiendo superado procesos de maduración, el y la jóven, desarrollan criterios claros frente a la vida. Una vez que han estructurado sus códigos morales, cultivarán su capacidad de juicio, critica y propuesta, con estos elementos diseñan su futuro.

  

Lograr una comunicación efectiva entre madres y padres, maestros y maestras con los jóvenes es el inicio de todo proceso que nos conduzca a diseñar ese perfil del jóven que necesita Honduras para que hayan respuestas solidas a todos los desafíos que tenemos hoy día.